Según el arte pop urbano de Sawyer, Jesús puede convertirse en un ícono con camiseta y tatoo. Sí, el arte para Dios. Pero cuando hay más arte que identidad, los jesuses se reprucen infinitamente. Parece un Jesús moderno y contemporáneo, pero la idea de ubicar a Jesús en la imaginería de cada siglo nace en 1925, con el escritor Bruce Barton. Este Jesús es la contracara del Jesús "anémico y afeminado" de las imágenes clásicas. Hay quienes prefieren creer en un Jesús musculoso, bronceado, deportista, rocker, y descontrolado en la cerveza. Si mucha gente se contenta con un dios así, por qué no habría de haber gente que se contenta con un ídolo.
Según Stephen Sawyer
Según la misión del barrio
Fue un Jesús con barca de pescador, pero con poca pesca en los barrios. Sólo captó la atención de señoritas, algunos señores ultraderechos, y a algunas señoras de la Liga de Madres de Familia.
Su amarillo de Van Gogh fue un shock visual interesante para renovar la fe emocional de la peluquera, el orgullo devocional del ama de casa y la plegaria material del carnicero. Ya se sabe que en los barrios no se tolera un dios sin ojos claros.
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Iconografías Crísticas III
Ya en el gótico el arte se sublima, y la maestria necesaria para conseguir esto se hace común, y tenemos verdaderas "biblias en piedra" donde el mensaje llega de una manera más directa, más cálida a la gente.
Vemos sentimientos en las imágenes, el sujeto se "anima" nos habla al corazón.
El Renacimiento es una subversión de valores. De un Dios punto central del Cosmos y de la vida del hombre, pasamos a que este mismo hombre arrebata ese centro al Creador. Nada tan claro para apercibir este mensaje como ver las iconografias de un Miguel Ángel, cuerpos poderosos, casi titánicos, como una llamada al materialismo, nos observan desde sus frescos o estatuas.
Los Cristos de esta época son titanes triunfantes que nos sonríen en la plenitud de su fortaleza. Vemos una influencia de las representaciones paganas de Zeus muy clara.
¿Qué decir del colorido de los ropajes, las actitudes corporales?
Pasamos desde un sentido alquímico del valor de los colores a plegarnos a las modas imperantes, que hace explosión en el Barroco con su profusión de volúmenes y riqueza en los pliegues de las vestiduras. Incluso la ropa se hace cómplice de la idea de lo que los coetáneos tenían sobre el Imperio Otomano, con una falta de rigor histórico evidente.
El movimiento de los cuerpos se hace mas teatral, mas esclavo del mensaje que el artista quiere enviar al observador. Vemos extremos simbolizados por ejemplo en la espiritualidad, en la levedad de un Greco, hasta el arrebato teatral, de sufrimiento en la Pasión de un Alonso González Berruguete ó un Francisco Salzillo Alcaraz, maestros de la talla en madera de los "Pasos" de Semana Santa en Valladolid y Murcia, respectivamente.
Se acaba la imagen que nos transmite equilibrio, serenidad, ahora son las pasiones, el dolor, la angustia, incluso el miedo físico y la desesperación las que nos impactan...
Julio
Iconografías Crísticas II
Si nos fijamos en las más antiguas representaciones de Jesús, observaremos con curiosidad que casi son crípticas, ya que en tiempos de las persecuciones romanas, los fieles representaban a Jesús bien con iconografias como los peces (uno de los más antiguos), el cordero o las iniciales de su nombre.
En la Edad Media, conviene citar, no por ya sabido, que la idelogía imperante es la una sociedad que orbita alrededor de la idea de un Dios, y que empapa, penetra la idea religiosa en los aspectos mas nimios de la vida cotidiana.
El artista es anónimo, todavía no tiene ni el prestigio social ni el egoísmo de firmar sus obras, y se somete voluntario, con su arte todavía tosco y balbuceante, a formar una imagen de su Redentor, en toda su majestad, hierático, sin apenas emociones.
No obstante, tras esta primera mirada apresurada, podemos notar, al igual que todos los artistas que en distintas épocas le han sucedido, que además de hijo de su tiempo, es heredero de una tradición, por lo que en las representaciones de Cristo, existen atributos o caracteristicas tomadas de la imaginería greco-romana, asi como otras no tan evidentes judías o incluso egipcias.
Es curioso apercibir, por ejemplo, en diversas esculturas de Maria y Jesucristo infante, como se sigue el patrón egipcio de la matrona sedente dando de mamar o presentando al niño que lleva en su regazo, a imitación de Isis con Horus.
Igualmente podríamos ver como se rinde tributo a esa Tradición omnipresente en la postura de las manos y de cada dedo de ellas, remedando las ashanas hinduístas. De esa forma, se llama sutilmente al inconsciente-consciente del observador haciendo, como decíamos anteriormente, reclamo a las ideas preconcebidas de sentimientos como majestad, misericordia y perdón.
Para arrimar el ascua a mi sardina, te comento que es precisamente en el Pórtico de la Gloria, donde el maestro Mateo imprime por primera vez en el románico, espiritualidad, sentimientos a sus personajes, de tal forma que "los personajes hablan" y se comunican entre ellos en un lenguaje mudo a través de los siglos, que en ocasiones, todavía es inteligible para el espectador.
Podríamos decir, simplificando, que al artista de la Edad Media le mueve por encima de todo, un sentido "pedagógico" en sus obras.
Julio
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Iconografías Crísticas I
Es evidente que cuando vemos una obra artística que representa la figura de Jesús, la situamos en su época, y hasta si es conocida, podemos incluso decir qué maestro la concibió. Lo que no es tan fácil es hablar o intentar explicar cómo se llega a ese proceso, ya no sólo de identificación, sinó los motivos profundos que llevaron al artista a realizar asi, y nó de otra forma, esa representación.
Empecemos con una obviedad. Cada artista, al igual que su obra, es hijo de su época y de su espacio, del lugar donde la realiza. Esto se complica ya que las influencias en su carácter pueden ser variadas, e incluso contrapuestas unas a otras. Pero para salir del atolladero donde me has metido, mi querida hermeneuta, arranco trazando líneas gruesas, que posteriormente, si lo deseas, se podrían matizar.
Lo que hay que tener claro es que al observar cualquier obra artistica, se establece un "diálogo" entre el creador de la obra, que "charla" a través del tiempo y del espacio de una forma fascinante con su espectador, haciendo mas incapié en unos detalles que en otros, según le interese excitar un sentimiento u otro en el que visualiza, asi como se vé sujeto a las modas del momento y a la ideologia del espectador al que vá dedicada la obra.
Por todo ello, en cualquier obra existen unos detalles obvios y otros mas ocultos, haciendo la "lectura" o interpretación de la representación, en este caso de Jesucristo, un tema apasionante.
Julio
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